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Por: Enrique Ayala Mora

Fotografía: Luis Charro

Cambio y fuera:

EL IMPERATIVO DE LA UNIDAD

 

 Para la elección de 2017 hay más expectativa que nunca de que se pueda estructurar un amplio frente progresista para enfrentar al caudillismo autoritario. Por ello, el agitado encuentro convocado por la entonces dirección de Pachakutik, que concluyó con un enfrentamiento, fue un paso en falso. Algunos pensaron que ya no había opción de un agrupamiento político en el campo de las organizaciones sociales y el espectro que va del centro a la izquierda.

 

Pero el 23 de marzo pasado las cosas cambiaron. Se realizó con éxito una reunión convocada por el Colectivo Unitario Nacional de Trabajadores, Indígenas y Organizaciones sociales con el fin de discutir un plan para enfrentar la crisis, una propuesta de gobierno y la gestación de un frente electoral. La reunión se desarrolló con un activo debate y con muchas coincidencias y acuerdos. Fue dirigida por el presidente del FUT y por el presidente de la Conaie.

 

El boletín emitido al final de la reunión expresó: “En más de cuatro horas de diálogo se expusieron varios puntos de vista y se asumieron varios compromisos, entre ellos, mantener el espacio de diálogo, estructurar un acuerdo programático básico que será enriquecido con un amplio debate e ir definiendo un mecanismo para consolidar el frente electoral y definir candidaturas. También se convino ampliar la convocatoria a otros sectores políticas y organizaciones, a base del contenido del programa”.

 

 

Desde entonces, las cosas han ido caminando hacia adelante. En sucesivas reuniones el agrupamiento creció con nuevas incorporaciones de otras fuerzas, se logró estructurar un documento de propuesta programática que fue sometido a la amplia consulta nacional y se convino que se presentaría un mecanismo para la designación participativa de la candidatura presidencial. Al mismo tiempo se resolvió participar en las movilizaciones de solidaridad con las víctimas del terremoto y contra los impuestos y medidas antipopulares implantados por el gobierno aprovechando la tragedia.

 

En su última reunión general, el agrupamiento adoptó un nombre provisional: “Acuerdo nacional por el cambio”. En estos días ya se ha posicionado como un eje de la política ecuatoriana, porque se ha convertido en un referente al que están confluyendo no solo sus componentes iniciales, sino otros sectores de izquierda, de centro, inclusive grupos de independientes que antes no había tenido participación política.

 

El Acuerdo nacional por el cambio es una gran posibilidad, porque tal como se ha venido ampliando, es ya una fuerza que puede disputar el triunfo electoral al correísmo y a la derecha. Para su éxito futuro requiere culminar la adopción del programa de gobierno y designar candidatos lo más pronto posible.

 

En el pasado se han formado frentes, se ha consensuado un programa, pero han surgido rupturas el momento de la designación de candidatos. En esta ocasión parece que ese peligro puede ser superado, dado que nadie ha puesto candidaturas como condición para participar y hay una genuina voluntad unitaria que evitará rupturas. Las precandidatos que ya se han presentado son muy positivas porque las personas propuestas han manifestado su voluntad de mantenerse en el acuerdo y someterse a sus decisiones sobre candidaturas.

 

Quienes hemos confluido en el Acuerdo nacional por el cambio tenemos el compromiso de llevarlo a buen  puerto. Al fin y al cabo, en medio de sus reuniones ya surgió una consigna que resume sus propósitos fundamentales y lo puede mover hacia adelante: “cambio y fuera”.

 

 

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