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Por: Edgar Isch L.

Fotografía: público.es

Las cadenas de dominación imperialista hoy las prepara el gobierno de Correa

 

Hay varias pruebas de la manera en que se refuerza la dependencia del Ecuador ante los capitales extranjeros. Cada una de ellas permite ver como el gobierno ha dejado de lado la soberanía nacional, porque ella solo estorba a la modernización del capitalismo en la que está empeñado.  Esto implica que la modernización anhelada por el gobierno de Correa no está dirigida a cambiar nuestro lugar en la geopolítica mundial sino que, por el contrario, refuerza nuestra posición subordinada como país dependiente de las potencias imperialistas.

 

Sin ser exhaustivos, entre esas pruebas es obligatorio mencionar la creciente deuda externa, el retorno de los organismos multilaterales de financiamiento, la profundización del extractivismo y la firma del TLC con la Unión Europea. Veamos brevemente algunas realidades al respecto.

 

La deuda externa y el retorno de los organismos multilaterales de financiamiento

 

La deuda externa ha sido y es un mecanismo de chantaje por parte de los acreedores. Esa es una de las razones, aunque no la única, por la que la Comisión de Auditoría Integral del Crédito Público que funcionó entre 2007 y 2008 declaró a la mayor parte de la deuda como ilegítima. Al ser una de las cadenas de dominación imperialista, no basta analizarla solo desde el punto de vista de los montos sino de las “obligaciones” que los gobiernos capitalistas ponen en espaldas de sus pueblos y desde el hecho que la deuda es el principal ingreso de dólares a la economía nacional, necesarios para mantener la dolarización que es otro compromiso presidencial.

 

Según cifras oficiales, a marzo de 2015 la deuda externa de Ecuador sumó $ 19.066 millones, equivalente al 17,6% del producto interno bruto (PIB), mientras que la deuda interna totalizó $ 12.630 millones (11,6% del PIB), según cifras publicadas por el Ministerio de Finanzas. Es decir, casi el 30% del PIB, cuando la Constitución pone un límite máximo del 40% del PIB. La que falta para llegar al límite nos es mucho si se considera que el déficit del presupuesto es de cerca de 8.000 millones, y que el ritmo de endeudamiento es muy acelerado. Según las mismas fuentes oficiales, creció en 31,6% entre noviembre 2013 al mismo mes de 2014,.

 

Todo esto sin contar con ventas anticipadas de crudo,  de las cuales se benefician los capitalistas chinos. Tampoco debemos olvidar los mil millones del Banco Mundial tras el retorno del país a la lista de solicitantes de crédito, ni los 400 millones con el desprestigiado banco Golmand Sachs, luego de entregarle como garantía cerca de la mitad del oro de la reserva nacional.

 

¿Es casual que megaproyectos financiados con capitales de China tengan como constructores a empresarios chinos? ¿O esa es parte de las condicionalidades que amplía las ganancias para ese país? ¿Qué otras condicionalidades existen en los contratos de crédito que no son íntegramente presentados como manda la Constitución? Son preguntas que no responde el gobierno. Mientras más se achica el margen legal de endeudamiento, no será nada raro que las presiones y condicionalidades aumenten.

Atado a este hecho está el retorno del Banco Mundial y del FMI, cuya presencia nunca es imparcial o respetosa de la soberanía.

 

La profundización del extractivismo

 

El extractivismo, hay que recordarlo, es la extracción de grandes volúmenes de recursos naturales que con poca o ninguna transformación se destinan a la exportación, favoreciendo al modelo de acumulación capitalista a escala global. Es decir que no toda extracción es extractivismo y que no solo hay extractivismo en petróleo y minería sino también en agricultura bosques y acuacultura. En todos esos terrenos, el gobierno plantea como uno de sus objetivos, aumentar la productividad, lo que en sus propuestas implica a su vez concentrarla en pocas manos.

 

Este tipo de producción de productos que sirven de materia prima a los países industrializados, nos ata a las condiciones de los mercados internacionales de las “commodities” o productos primarios. Pero los mercados internacionales están dominados y controlados por las grandes transnacionales, cuyos intereses se expresan en los estados imperialistas. Así las cosas, insistir por el camino del extractivismo es encadenar al país a los capitales internacionales. Esto además de la destrucción ambiental que está indisolublemente ligada a este tipo de producción, la violencia que acompaña los procesos de desposesión  y la represión a los actos de resistencia legítima.

 

La reprimarización de la economía ecuatoriana hace que las exportaciones de bienes procesados hayan sido de 3,9% del PIB para 2014, cuando para 2006 estaba en 4,9% del PIB.

 

Que el mismo Presidente acepte las dificultades producidas por la baja del precio del petróleo, que alcanzó al 55% de las exportaciones totales ecuatorianas, al grado de decir que varios días se vendió el petróleo por debajo del precio de producción, solo demuestra que el país no debe impulsar el extractivismo. Pero una cosa es el país y su gente y otra son las chequeras de quienes están  felices con estas decisiones gubernamentales.

 

El TLC con la Unión Europea

 

El gobierno hizo lo posible por decir que no era un Tratado de Libre Comercio, pero las propias fuentes europeas lo desmintieron, apenas concluyeron las negociaciones hace poco más de un año. El discurso correista cayó nuevamente cuando eldiario.es publicó en el año pasado los cables filtrados que demostraban las presiones europeas. El título de la nota del 8 de octubre de año pasado en ese periódico, fue muy claro: ‘La UE amenazó a Ecuador con eliminar ayudas al desarrollo si no aceptaba el libre comercio’.

 

Un argumento del gobierno fue que no se aceptó el TLC que firmaron ya Perú y Colombia con la Unión Europea (UE) y que lo negociado por Ecuador era distinto. Pero una vez más los hechos los desenmascararon. Un mes atrás, el 19 de junio de 2015, se llevó a cabo en Bogotá una reunión entre autoridades europeas, colombianas y peruanas para analizar la aceptación de la adhesión del Ecuador al acuerdo multipartes ya firmado por nuestros vecinos. Adherirse es entrar en un acuerdo ya firmado por otros, aunque existan diferencias puntuales. Es el mismo TLC que el gobierno de Correa “denunció”, pero que ahora acepta y plantea, palabras más o palabras menos, que “no hay otra alternativa”, frase típica que acompaña las políticas neoliberales.

 

Sobre las negociaciones de ese TLC, no se informó y menos consultó al pueblo, mientras los ricos burgueses estaban cercanos e incluso participaban en las mismas. Pero desde el inicio se aceptó que los beneficiarios serán los grandes exportadores en áreas como la pesca, los plátanos, las flores cortadas, café, cacao, frutas y nueces. La experiencia de Colombia, de manera particular, demuestra que entre los grandes perdedores estarán los campesinos y la independencia nacional.

 

Un TLC es una cadena alrededor del cuello de un país dependiente. La experiencia demuestra que cada paso suma condiciones y presiones. Lo vemos ahora cuando Perú y Colombia aún no dan el visto bueno al ingreso de Ecuador, porque seguramente están considerando las restricciones puestas por el gobierno ecuatoriano a las importaciones.

 

El TLC es parte de las formas en se la modernización conecta al Ecuador con los capitales transnacionales, siempre en un estado de subordinación ante los imperialismos: chino, gringo o europeos, da igual. La esclavitud no mejora por el color de la bandera del esclavista. Pero lo que los organismos de la UE han hecho con Grecia nos obliga a preguntar: ¿Queremos un TLC con la Unión Europa? ¿Eso implica que Correa en cualquier momento acepte condicionalidades como las puestas al pueblo griego?

 

Una sola constatación para terminar: aquí hay una mínima parte de las muchas razones por las cuáles los trabajadores y los pueblos del Ecuador salen a las calles. No son golpistas sino los que enfrentan a los golpes del capital, al garrotazo del TLC tras luchar en varios gobiernos contra un acuerdo de ese tipo y a la violencia de la represión.

 

 

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

Quito-Ecuador

ISSN 1390-6038

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