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Por: José Villarroel Yanchapaxi

Fotografía: Archivo

El bisturí oxidado y cuántico de Lenín Moreno

 

 “No hay tal mesa servida, esa es la pura y neta verdad. Se podía haber sido un poquito más mesurado en dejar cuentas en mejores condiciones", declaró Lenín Moreno pocos días de asumir la Presidencia del Ecuador luego de una segunda vuelta y de unas cuestionadas elecciones en que el fantasma del fraude se reactualizó debido al apagón informático perpetrado por funcionarios correistas del Consejo Nacional Electoral encabezados por Juan Pablo Pozo. Entre líneas en esta frase sutilmente validaba que se podría ser corrupto pero más discretamente, justificaba aquello que en el imaginario político ecuatoriano es vox populi: “que roben pero que hagan obra”; al mismo tiempo intentaba desmarcarse del gobierno de su antecesor y mentor Rafael Correa Delgado del cual fuera su Vicepresidente.

 

“Hoy encontramos un país con mayor equidad, con mejor infraestructura, servicios y un creciente talento humano, pero tenemos que pagar por ello. Todos, con corresponsabilidad, porque Ecuador es la casa de todos. Tenemos que mirar hacia delante, y superar la crisis económica en la que nos encontramos” expresó Moreno, lo que en buen romance significa que quienes pagarán el derroche, las coimas y los sobreprecios de las megaobras del correísmo, muchas de ellas inexistentes como la Refinería del Pacífico o subutilizadas en la actualidad como las hidroeléctricas, sería el pueblo, como lo demuestra su baladí programa de reactivación económica que ha permitido que al igual que en el correato, los grande empresarios una vez más se salgan con la suya al ser condonadas sus deudas.

 

 

 “Como lo anuncié, vamos a continuar nuestra lucha haciendo una cirugía mayor a la corrupción...”, con ello Lenín Moreno abría una expectativa y convocaba al diálogo. La maza enternecida miraba con simpatía esa aparente ruptura con los Ovejunos y ganó aceptación para la consulta popular. El intento era legitimarse pero también curarse en sano de su cuestionado circo social, del pago de dólares a La Fundación Eventa representada por su esposa, Judith González Navas, para la cual dictaba charlas motivacionales por las cuales había cobrado miles de dólares o  de su permanencia en Ginebra como enviado especial de la ONU que le costó al país más de 1 millón de dólares, gestión de la cual nunca ha rendido cuentas.

 

Ningún galeno que se precie de tal, entra a un quirófano a operar con un bisturí oxidado pero, en el Ecuador, país en que la corrupción fue santificada desde las altas esferas estatales del correato (baste recordar que Rafael Correa manifestó que “las coimas no perjudicaban al Estado, que era un acuerdo entre privados”) que un Lcdo., en Administración de Empresas tomara un bisturí cuántico era una suerte de realismo mágico.

 

El correato instaló en el imaginario social ecuatoriano que ser corrupto no era tan malo, siempre y cuando se lo haga con viveza criolla, que “el cojudo no es el que se deja robar sino quien se deja cachar”. Hoy resulta que en el Ecuador apropiarse de los dineros del erario nacional resulta un voluptuoso negocio porque te dan sentencia mínima, tienes la posibilidad de que te pongan en una celda de lujo y te permitan celebrar tu cumpleaños con Mariachis tal el caso del “compañerito” Jorge Glass Espinel, pues salir antes por buen comportamiento y en menos de lo que cante un gallo sales a disfrutar de los millones de dólares que te has tapiñado y más si te acoges a la colaboración efectiva. Si aquello no resulta, puede declararte perseguido político y sanseacabó.

 

¿Para qué indignarse sí hay concejales del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito como Eddy Sánchez y Sergio Garnica que siguen en su curul o despachando en su oficina con grillete? ¿Para qué indignarse sí  Iván Espinel, exministro de Inclusión Económica y Social (MIES) puesto por Moreno que salió de la cárcel porque una jueza dictó medidas preventivas y sigue haciendo proselitismo político? ¿Para qué indignarse sí  en la Asamblea Nacional se sigue con la antigua práctica del impuesto al trabajo por parte de ciertos asambleísta a asesores pipones, en tanto la Vicepresidenta Alejandra Vicuña declara bolivarianamente que el pago de los diezmos políticos es una costumbre?

 

 

Hoy ya nadie pestañea cuando día a día salen nuevos casos de corrupción. Por menos de eso, quienes bordeamos el medio siglo de vida botamos a políticos corruptos como Jamil Mahuad, Abdalá Bucaram y Lucio Gutiérrez. La indolencia total de una gran parte de la juventud aborregada es alarmante. Ante tanta podredumbre, el pueblo ecuatoriano mira impávido lo que sucede en la nación, limitados a mandar memes, un post o cientos de likes en las redes sociales.

 

Hoy ya nadie habla de “manos limpias, mentes lúcidas y corazones ardientes”. “Soy políticamente responsable de la corrupción”, afirmó Rafael Correa, Lenín Moreno también, apuntaríamos quienes hemos sido críticos con esta aventura populista-progresista enmascarada de Socialismo ya que correístas y morenistas comieron del mismo plato en esa mesa servida en tiempos de bonanza. En el correismo tanto como en el morenismo a quienes la opinión pública atisbaba algún tipo de corrupción se les premiaba o premia con una embajada o consulado, un puesto allende las fronteras pues su sumisión debía ser bien pagada con puestos de alta jerarquía.

 

El slogan que los asesores comunicacionales de  Lenín Moreno han intentado posicionar: “El gobierno de todos” es una treta para blanquear la corrupción verde flex. Queda implícito que el gobierno de Lenin Moreno sería el gobierno de los desterrados hijos de un pírrico Socialismo del Siglo XXI, de los que se mimetizaron o mutaron sin vergüenza, de los que cínicamente oscilaron entre el correísmo y el morenismo porque venían con un hambre atrasada en una suerte de coprofagia (inclinación morbosa a comer excrementos u otras inmundicias)  políticamente selectiva de los que se declararon “la reserva moral” del Ecuador.

 

Mientras termino de escribir este artículo escucho: “Canción corrupta para los corruptos” del cantautor colombiano Julián Rodríguez que hace ver a la corrupción como epidemia nacional y que en sus partes pertinentes trova:

 

“En el Consejo y en la Alcaldía

roban de noche, roban de día

en la Alcaldía en el Concejo

el que no roba es un pendejo.

En la Asamblea y en la gobernación

el que no roba es un huevón.

En consulados y en embajadas

también sacan sus tajadas,

sí eres honrado estas cagado.

Desde el estado hasta las iglesias

se mueve el tráfico de influencias.

Hay unos que roban legalmente y constitucionalmente

es permitido robar muy despacio

así puedes llegar a palacio

y sí en palacio sigues robando

te estarán condecorando

y si te acusan podrás llegar hasta la OEA.

 

Quizá, estimado lector cuando acabe de leer este artículo, el Ecuador haya entrado en recesión económica por culpa de la corrupción y el bisturí oxidado y cuántico de Lenín Moreno ya no sea ninguna opción.

 

 

*Magíster en Estudios culturales latinoamericanos.

 

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