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Por: Julián Quito

Fotos: Internet

A los 42 años del golpe fascista en Chile

 

El 11 de septiembre de 1973, el gobierno norteamericano de Richard Nixon (padre)  contando con la apasionada inspiración de Henry Kissinger como Secretario de Estado, festejó el resultado de su obra magna: el sanguinario golpe de Estado en Chile y el asesinato del Presidente Salvador Allende. Así concluyó esta experiencia revolucionaria que pretendió emprender un proceso socialista a través de la vía electoral. Allende tuvo la primera mayoría en las elecciones del 4 de septiembre de 1970 cuando alcanzó el 36.63% del electorado y, por ello, hubo de ser ratificado como Presidente por el Congreso, el 24 de octubre de 1970, inaugurando así lo que dio en llamarse “vía chilena al socialismo con empanadas y vino tinto”.

 

 

Pese a que Allende accede al poder por vía electoral en el marco de un Estado de Derecho, los sectores oligárquicos retardatarios chilenos (momios) se organizaron rápidamente contando con la ayuda material, estratégica, incondicional del Gobierno Norteamericano y la CIA. La decisión de nacionalizar el cobre y la ejecución de una reforma agraria profunda por parte del Gobierno de la Unidad Popular, convocó la arremetida de la derecha política y económica que actuó sin freno habiendo provocado, inicialmente, el asesinato del general René Schneider, militar que impulsaba una doctrina de sometimiento al poder político, la no intervención de Fuerzas Armadas y de respeto a la voluntad popular.

 

Es evidente que el proceso revolucionario chileno se lo apreciaba como una nueva alternativa para la toma el poder político el Estado, luego del “ejemplo” cubano y de la experiencia del Foco Guerrillero para incendiar la pradera, liderada por Ernesto Guevara de la Serna. La consigna de la Tricontinental: “crear un, dos, tres Vietnam” daba paso a la organización popular de masas para que se pronuncie en medio de las condiciones que impone la democracia burguesa, bajo la consideración de que los militares habrán de respetar esa decisión mayoritaria del pueblo y de que la oligarquía se vería forzada a someterse dentro de ese juego democrático que corresponde al Estado de Derecho.

 

 

En esa perspectiva confluyó la izquierda chilena representada por los partidos comunista y socialista, el MIR, el MAPU obrero y campesino, la Izquierda Cristiana, Partido Radical, empeñados en el romanticismo de una revolución “por la vía pacífica”, en condiciones en que únicamente se había ganado una parte del poder político, esto es, la Función Ejecutiva, manteniéndose intacto el poder oligárquico desde las Funciones Legislativa y Judicial, así como de las Fuerzas Armadas y Los Carabineros. Pero, aún más, con la actuación libre de manos por parte de grupos terrorista de derecha como “Patria y Libertad” y el “Partido Nacional”.

 

Es muy importante destacar que el Gobierno de la Unidad Popular que accedió en 1970 al poder de la Función Ejecutiva, para las elecciones municipales de 1971 consolidó un 49% de los electores chilenos, lo que pone a las claras el vertiginoso acenso de la adhesión y respaldo político de la clase obrera, del proletariado, de los sectores populares y capas medias. Se puso en primer plano la letra y música de aquella canción que sigue recorriendo Nuestra América: “Venceremos”.

 

La conducta agresiva y criminal del gobierno norteamericano que dio la orden de derrocar a Salvador Allende, tuvo la más amplia manifestación de la CIA, órgano terrorista yanqui que tanto directamente como en apoyo a los grupos terroristas chilenos, desataron el terror en la población produciendo atentados en contra de torres de alta tensión y oleoductos; atentados contra las sedes diplomáticas en las embajadas de Cuba y de la Unión Soviética. Estos actos, estuvieron acompañados de una propaganda masiva y permanente por radio, prensa y televisión, destinada a lograr que las amplias capas medias de la población se atemoricen  a la vez engendren en su conciencia la idea de que el socialismo es sinónimo de desabastecimiento y violencia. Precisamente, una de las metas de los terroristas en el objetivo del golpe, fue el desabastecimiento de productos de primera necesidad a través de la paralización de los camioneros pagados por la CIA con o cual se paralizó el transporte. Los medios de comunicación en manos de la oligarquía clasificaban la información difundiendo únicamente aquello que favorecía a sus afanes golpistas.

 

Pero la represión de los Carabineros también actuaba por su cuenta, como lo demostró la brutal represión de los obreros de la mina “El Teniente” el 15 de junio de 1973 ocasionando la muerte del obrero Milton Da Silva, dejando además como saldo trágico 64 obreros heridos y más de 100 detenidos.

 

 

Los facciosos ejecutaron el asesinato del edecán el Presidente Allende, el Comandante de la Armada  Arturo Araya Peeters. Fue asesinado el general Carlos Prats. Fueron asesinados impunemente militantes de los movimientos y paridos de izquierda. El 14 de mayo de 1973 fue allanado el local de “Patria y Libertad” encontrándose abundante armamento y explosivos. Sin duda, el golpe de Estado se encontraba en marcha ascendente. El gobierno militar de Brasil presidido por Emilio Garrastazu Médici fue incluido y formó parte de en esta sedición.

 

La crónica de esta muerte anunciada fue escrita en Estados Unidos y ejecutada fielmente en Chile, para derrocar a un gobierno legítimamente electo en medio de las condiciones que la democracia burguesa establece. El afán de eliminar todo atisbo de proyección marxista en el Continente, patio trasero de los yanquis, llevó a que se irrespeten los cánones del Derecho Internacional, se elimine el principio de soberanía y de autodefinición de los pueblos, creándose una cofradía anticomunista civil y militar en América Latina que, ligada a los Estados Unidos y a la Escuela de las Américas, fortalezca la estrategia del patio trasero, impida que los pueblos actúen por su voluntad, elimine el “ejemplo” de Cuba y trastoque cualquier iniciativa popular con simientes marxistas; así fue como se instalaron las dictaduras en el Cono Sur, se invadió Grenada y Nicaragua Sandinista fue sometida al cerco marítimo por ambos flancos. Puerto Rico sigue siendo colonia norteamericana y Guantánamo el asiento yanqui hollando suelo cubano.

 

El sueño de libertad para Nuestra América continúa. El camino, lo definen las circunstancias objetivas y subjetivas en el momento histórico determinado. Cada uno de nuestros pueblos, dentro de sus fronteras lucha contra el atraso, la pobreza,  la marginzación y la inequidad. Bajo la iniciativa del Comandante Chávez se abrió el espacio de UNASUR y CELAC como manifestaciones propias de los latinoamericanos en esta lucha histórica contra el poderío de los Estados Unidos que lo inauguró Bolívar con su famosa reflexión de que los Estados Unidos parecen predestinados para llenar de plagas a Nuestra América.

 

 

Rendimos honor y pleitesía a los héroes y heroínas de Chile que con su sacrificio supremo, abrieron nuevas y  anchas avenidas por las que actualmente transita inclaudicable la lucha popular americana que en su convicción antiimperialista levanta las banderas de la democracia   y el socialismo, inspirados en el pensamiento de Ernesto Guevara de que la Revolución no es para llenarse la boca y vivir de ella, sino para llevarla en el corazón y dar la vida por ella.

 

¡El 11 de septiembre no es para llorar por los muertos, es para invocarlos y vivir como ellos!

 

 

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

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