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Por: Plataforma Comunista*

Fotografía: Vladimir Cruz

Cuatro enseñanzas para hoy, a 100 años de la victoria de la Revolución de Octubre

 

El acontecimiento por el que este año celebremos el 100° aniversario de la Revolución de Octubre, es porque aquella gesta rebasa el marco nacional ruso.

 

Fue una revolución de alcance internacional, que representó una vuelta radical en la historia de la humanidad, arrancando el poder político a la burguesía capitalista y dando, por la primera vez en la historia, al proletariado la posición de clase dominante, papel indispensable para edificar la nueva sociedad.

 

En este gran acontecimiento del pasado está el germen de nuestro futuro.

 

Entre las múltiples lecciones que podemos extraer de la Revolución de Octubre, queremos destacar en este 100° aniversario, cuatro enseñanzas de gran actualidad para los revolucionarios de todos los países.

 

1. La primera, es la posibilidad para los explotados el de romper, en su eslabón más débil, la cadena del imperialismo mundial en un país. Aquella cadena, hoy, después de la derrota temporal del socialismo, oprime de nuevo todo el mundo, pero las inevitables contradicciones del sistema producen una tensión creciente que acarreará nuevas situaciones revolucionarias.

 

La experiencia histórica demuestra la justeza y vigencia de la tesis leninista de la posibilidad y necesidad de aprovechar, golpeando su eslabón más débil, para asestar un golpe mortal a la burguesía y conquistar el poder, alcanzando los máximos logros para acelerar el triunfo de la revolución en otros países.

 

El proletariado es una clase que tiene la fuerza y la capacidad organizativa para romper la cadena del imperialismo mundial en el país, o en los países, en que, en un momento dado, convergen y se agudizan al máximo nivel las contradicciones de este sistema moribundo.

 

En 1917 el proletariado ruso no estaba muy desarrollado, sin embargo, su papel en la sociedad, la función que cumple en el proceso de producción, su disciplina y organización, hace que sea la clase más revolucionaria, la más consecuente y sea, entre todas las clases sociales, la única capaz de impulsar hasta el fin la lucha contra la burguesía.

 

En 1917 el proletariado ruso demostró que el imperialismo no es omnipotente, que puede ser golpeado si el proletariado logra recoger bajo su dirección a los explotados y oprimidos en una lucha revolucionaria; si logra aislar a la burguesía y, en una situación de debilidad de las fuerzas imperialistas y el ascenso del movimiento de masas revolucionario, logra derribarla, permitiendo el triunfo de la revolución.

 

En las décadas siguientes de 1917, el dominio del imperialismo no fue sacudido solamente en las "metrópolis", sino también en los países coloniales, semicoloniales y dependientes. El Octubre Rojo constituyó el principio de una época de grandes luchas de liberación de los pueblos.

 

Hay que resaltar que los resultados más avanzados, en estas luchas, no fueron los conseguidos bajo la guía de los nacionalistas burgueses, sino los conseguidos por los movimientos de liberación que tuvieron en la Revolución de Octubre como punto de referencia teórica y práctica de su acción.

 

Sólo el proletariado puede dirigir la lucha por la liberación nacional y social de manera consecuente, hasta el socialismo. Nunca debemos olvidar esta verdad histórica, especialmente en una realidad internacional como la actual en la que nuevos presuntos movimientos de "oposición" al imperialismo son conducidos por los socialdemócratas, los populistas y también por los fundamentalismos religiosos.

 

2. La segunda reflexión es la siguiente: hemos visto en estos últimos años -en diferentes países- importantes movimientos democráticos, pacifistas, ambientalista, antiimperialistas, que llevan a cabo reivindicaciones, en muchos casos justas. La característica fundamental de estos movimientos es su división, la fragmentación territorial, la dispersión, la espontaneidad.

 

¿Qué enseñanza obtenemos, en cambio, de la experiencia de la revolución rusa victoriosa?

 

Los grandes movimientos revolucionarios que aseguraron la victoria a la revolución del octubre de 1917 fueron: el movimiento democrático general por la paz y la salida de Rusia de la guerra imperialista; el movimiento democrático de los campesinos por la expropiación de los latifundistas y la conquista de la tierra; el movimiento de liberación nacional de los pueblos de Rusia oprimidos por el zarismo; el movimiento socialista del proletariado por el derrocamiento de la burguesía capitalista y la instauración de la dictadura del proletariado.

 

Todos estos movimientos, confluyeron en un solo huracán revolucionario, no espontáneamente, sino bajo el impulso y guía del partido de la clase obrera, del Partido Bolchevique.

 movimientos sociales Ecuador

 

Desde abril a octubre de 1917, la insurrección fue precedida y preparada por grandes movimientos de masa. ¡En abril más de cien mil personas, obreros y soldados, se lanzaron a la calle en Petrogrado al grito de “Abajo la guerra!", "Todo el poder a los Soviets!" En junio se desarrolló otra grande demostración contra el gobierno provisional, en la cual una nueva consigna se sumó a las anteriores: "¡Abajo los ministros capitalistas!" El 3 de julio varias manifestaciones confluyeron en una única grandiosa manifestación armada. En agosto las masas, bajo la guía del partido bolchevique, se movilizaron contra el golpe de Estado del general Kornilov, determinando su derrota.

 

No a la división, no a la llamada "autonomía" de los movimientos, sino su unificación en una sola línea revolucionaria condujo a la victoria del octubre. Esto es posible sólo con la acción consecuente y organizada del destacamento avanzado del proletariado, que se pone a la cabeza de los trabajadores, y el pueblo en lucha, siempre defendiendo el interés general de la clase obrera y representando su futuro, es decir el futuro del movimiento mismo.

 

3. La tercera reflexión se refiere a la lucha entre la democracia burguesa y la democracia proletaria. La Revolución de Octubre destruyó -con la insurrección armada y con el siguiente derrumbe de la Asamblea Constituyente que no quería reconocer el nuevo poder del proletariado- el aparato estatal burgués, reemplazando la vacía, limitada y falsa democracia burguesa con una nueva forma de democracia, basada en los Soviet, organizaciones de masas revolucionarios.

 

Con la victoria de la insurrección armada y el ascenso de la clase obrera a clase dominante, se inauguró la más amplia y auténtica democracia, la del proletariado, se afirmó la vigencia de los derechos sociales y políticos de los trabajadores que fueron los actores fundamentales de la revolución, que tomaron importantes decisiones y se transformaron en protagonistas de su misma emancipación.

 

En la nueva democracia la voluntad de las masas se convirtió en orientaciones, resoluciones, normas y leyes válidas para millones. Gracias a esta democracia de tipo nuevo se rompieron las viejas estructuras económicas, políticas e ideológicas creadas por la burguesía y la reacción.

 

Esta nueva democracia es la dictadura del proletariado, que representa el contenido mismo de la Revolución de Octubre, su instrumento esencial, su realización más importante, sin la cual no habría sido posible avanzar un solo paso en la construcción del socialismo.

 

La conquista del poder no es más que el primer acto de la dialéctica entre rotura y creación, no es sino el inicio de una revolución que sigue su camino hasta el comunismo.

 

La dictadura del proletariado, es decir, la dirección política y ideológica del proletariado sobre toda la sociedad, pone el acento en los intereses vitales de la inmensa mayoría del pueblo trabajador, realizando plenamente y concretamente la liberación de la explotación capitalista; por lo tanto es una democracia nueva contra las clases explotadoras y todo los elementos que se proponen de restablecer las anteriores relaciones de clase, la explotación de los obreros y los campesinos, la opresión nacional y de la mujer.

 

Los hechos de la historia enseñan que los capitalistas son capaces de los peores crímenes para salvar sus intereses y su existencia en cuanto clase. Es por tanto tarea del nuevo Estado socialista continuar la lucha de clases bajo las nuevas condiciones. Sin el ejercicio de la dictadura proletaria, la puerta está abierta al sabotaje burgués y a la contrarrevolución, a la agresión imperialista. Por ello, no sorprende que, sobre la cuestión de la dictadura del proletariado, que sacude los fundamentos del sistema capitalista, se hayan dirigido los esfuerzos de la clase dominante y sus intelectuales para distorsionar su significado, decretar su falsedad y la imposibilidad de realización.

 

Esto significa, que tenemos que entender quién es comunista y quién no. Recordemos las palabras de Lenin: "Marxista es solamente quien extiende el reconocimiento de la lucha de las clases hasta al reconocimiento del dictadura del proletariado… Y este el punto alrededor del que hace falta poner a prueba la comprensión y el reconocimiento efectivo del marxismo." (Lenin, Estado y Revolución).

 

4. Finalmente, la cuarta enseñanza, que es la más manipulada y ocultada por la burguesía y la reacción: sin Partido comunista no habría sido posible la Gran Revolución de Octubre.

 

La victoria de la revolución y la construcción del socialismo en el país de los Soviets demuestran que en la época del imperialismo la clase obrera no puede vencer sin un Partido que sea su vanguardia organizada, consciente, disciplinada y aguerrida.

 

La Revolución de Octubre enseña que el Partido comunista es el factor determinante por el éxito de la revolución y el mantenimiento del poder político.

 

Las crisis crean condiciones favorables para nuestra acción, más para la victoria y su consolidación es necesario el factor subjetivo que moviliza, une y dirige en sentido revolucionario a la clase obrera y las masas populares.

 

Lo repetimos: sin el Partido bolchevique los obreros y los campesinos no habrían podido conquistar el poder en el 1917 ni mantenerlo.

 

El partido de Lenin y Stalin que condujo al proletariado a la victoria fue un partido de clase coherentemente revolucionario, una organización de revolucionarios consecuentes. No un partido ecléctico, con estrategia y táctica vacilantes, sino un partido que, en los largos años de preparación de la revolución, forjó la conciencia revolucionaria de los proletarios rusos en la lucha incesante contra los mencheviques y los liquidadores, y -en los meses decisivos de 1917- no estuvo nunca "con un pie en el gobierno y un pie a la oposición", pero condujo una lucha intransigente contra el "gobierno provisional" de la burguesía y contra los oportunistas, para derribarlo con la insurrección armada.

 

Sin el Partido el movimiento obrero y popular caminaría sin rumbo y el reformismo lo llevaría al “diálogo social", de la falsa “revolución ciudadana”. Sin este Partido los obreros y los otros trabajadores explotados no pueden defenderse tampoco frente a la ofensiva capitalista, ni avanzar en la perspectiva de la revolución y el socialismo.

 

No sólo la victoria, sino también las derrotas del socialismo en la Unión Soviética prueban que la dirección política e ideológica del Partido es decisiva para la clase obrera y su Estado.

 

Hay que tener bien claro que el imperialismo, la burguesía y la reacción nunca han soportado que la clase obrera pueda organizar su partido independiente y revolucionario.

 

El punto central de la lucha del capital contra los obreros siempre ha sido golpear la ideología y la organización del proletariado para impedir la formación de este partido, y una vez constituido descabezarlo, desviarlo, destruirlo.

 

Diferentes son las formas de esta actividad: la persecución y la violencia abierta contra los comunistas y los revolucionarios, el apoyo a las corrientes colaboracionista y oportunistas, las maniobras de dispersión ideológica y política, las tentativas liquidacionistas en el seno de los partidos comunistas, etc.

 

El revisionismo moderno es la negación del partido del proletariado, de su necesidad, de su línea revolucionaria, para presentar una política de conciliación entre la clase obrera y la burguesía, de integración del socialismo en el capitalismo, de subordinación al imperialismo con la ilusión de obtener a ventajas para los explotados en este sistema criminal.

 

Para poder avanzar tenemos que llamar los sectores avanzados de la clase obrera, los jóvenes revolucionarios, los intelectuales progresistas a separarse claramente y resueltamente del revisionismo y de la socialdemocracia, del oportunismo de todo tipo, para construir el Partido comunista.

 

Con la máxima energía hay que pelear contra el anti partidismo burgués y pequeño burgués, destacando la cuestión clave del Partido, instrumento imprescindible para la victoria revolucionaria.

 

La tarea que tenemos es reforzar los partidos existentes y construir nuevos partidos marxista-leninistas donde no existen, dar impulso a su actividad, fortalecer sus lazos, combatiendo sin tregua el revisionismo y el reformismo, aliados permanentes de la burguesía. Todos los que se inspiran a la Revolución de Octubre y quieren seguir su ejemplo viviente son llamados a trabajar para solucionar esta tarea fundamental.

 

Seminario Internacional Problemas de la Revolución en América Latína

Julio de 2017

 

*Plataforma Comunista – por el Partido Comunista del Proletariado de Italia

 

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Quito-Ecuador

ISSN 1390-6038

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